
Mi ánimo está tan convulso que siento la necesidad de pintar un cuadro. Un cuadro de palabras, de pensamientos efímeros de esos que vienen a la mente tan inconscientemente que enseguida se olvidan. Un cuadro que luego pueda leer y me de una perspectiva global de mis ideas, las cuales, como colores y formas se entrelazarán en un baile más o menos ordenado.
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Ha oscurecido. La frecuencia de las olas de este mar que acompaña a mis devaneos disminuye al ritmo en que los rayos del sol de este difícil otoño se apagan y mi mente se relaja y comienza a dejar de emitir aquellos zumbidos de reproche.
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Gracias Alvaro.
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